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La madre
Teresa en Calcuta ayudó a gente que ella no conocía. Para este
propósito eligió el peor sitio. Un lugar donde las condiciones
agudas de vida (exponerse al peligro de la violencia y la miseria).
Inicialmente
sin ayuda y trajinando contra un sinfín de enfermedades en medio de
la suciedad producto de la pobreza extrema. Esa fue su vida: la
ayuda desinteresada a otros que más lo necesitan.
¿Por qué
ayudó a desconocidos? ¿Qué hizo que estuviera junto a otros seres
humanos en procura de las más elementales necesidades sociales y
espirituales? ¿Cómo pudo dejar de lado sus beneficios personales
para darles a otros su mejor apoyo a cambio de nada? Solo por una
voluntad o determinación “firme y perseverante de empeñarse por el
bien común”, la idea de que todos somos verdaderamente responsables
de todos fue una práctica diaria en ella. La comunidad de la cual
somos responsables es la comunidad de todos los hombres. De todos.
Pero las
sociedades actuales parece que en los hechos alentaran precisamente
lo contrario con la exaltación del egoísmo y la soberbia del poder
con sus terribles consecuencias: guerras, discriminaciones,
apropiación de recursos básicos para la población y en los linderos
de la individualidad. Hay un liderazgo y un triunfo basado en la
tenencia de bienes y el manejo de la información. ¿Qué queda para la
mayoría de países carentes de estos recursos? ¿Cómo se establece una
sociedad mejor? La respuesta es por la calidad de su gente. El valor
de una sociedad emerge con valores asociativos y equiparables para
todos (léase Finlandia y su educación no centrada en competir, “se
enseña para aprender a ser un miembro responsable de la sociedad,
ético y humano.
Existe un
sentido de altruismo y cooperación.”) En el mundo de hoy se han
formado instituciones internacionales basadas en estos valores como
por ejemplo el Banco de los Pobres creado por Yunus; Ashoka, el
conglomerado de innumerables ONGs de trabajo social para los que
menos tienen; Greenpeace, la mayor organización de preservación de
nuestro ecosistema y un largo etcétera a veces desconocido. En el
último terremoto en Ica, al margen del sistema político del Estado,
se vio a mucha gente que sin diferencias de religión o condición
económica ayudó a quienes más lo necesitaban. Vimos que somos un
país que muestra solidaridad.
La gente de
Perú si lo hace. Pero necesitamos más que eso. Necesitamos enseñar a
compartir, en cualquier institución o centro de estudios donde nos
encontremos. El colegio tiene incluido el programa de CAS (Comunidad
Acción y Servicio) y este año lo realiza de manera más agresiva.
Hemos adoptado una escuela carente de los recursos más elementales
en Lurín y lo más importante: estamos aprendiendo solidaridad. El
colegio es un laboratorio constante de práctica de valores. Nuestro
colegio tiene mucho por aprender y ya estamos en camino. ¿Esto es
suficiente? Creemos que no. Empecemos por ser solidarios en nuestras
casas, con nuestros amigos y el entorno en general. La naturaleza es
amiga nuestra, seamos solidarios con ella. La solidaridad es el
motivo primario del valor de toda organización social.
Sólo
necesitamos practicarla.
Guillermo
Altamirano.
Prof. de
Teoría del Conocimiento. |